Reservorios de carbono en humedales de la laguna de Bacalar, Quintana Roo.
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Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo
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El término captura de carbono ha tomado relevancia en la actualidad, debido a su relación con el calentamiento global y su impacto en los ecosistemas y la sociedad. El carbono en su forma inorgánica se encuentra entre los gases de efecto invernadero (GEI), los cuales son promotores el calentamiento global. El dióxido de carbono (CO2) es un gas de efecto invernadero, que juega un papel crucial en los ciclos biogénicos del planeta, debido a la cantidad en que se emite Benjamín-Ordóñez y Masera, 2001). El aumento de las emisiones de CO2 está relacionado con las actividades humanas, que se han intensificado en las últimas décadas. Entre las principales causas se encuentran el uso de combustible fósil para la producción de energía e industria, así como los cambios en el uso del suelo (Gay y Martínez, 1995; Masera et al., 1997).
Para mitigar o disminuir las emisiones de CO2 y con ello disminuir el aumento global de temperaturas, se han diseñado e incorporado estudios sobre los reservorios y sumideros naturales de carbono. De acuerdo con Castaño (2011), los reservorios de carbono tienen la función de absorber los compuestos de carbono presentes en la atmósfera, es decir, realizan la función de absorber un gas de efecto invernadero, un aerosol o un precursor de un gas de efecto invernadero de la atmósfera.
La vegetación forma parte de los reservorios de carbono; su función en los ciclos biogeoquímicos es asimilar el carbono atmosférico e incorporarlo por medio de la fotosíntesis, manteniéndolo almacenado por largos periodos (Ordóñez y Masera, 2016). De acuerdo con González y colaboradores (2018), el océano es otro ecosistema fundamental en la captura de carbono, ya que ocupa aproximadamente el 70 % de la cobertura terrestre, y proporciona una capacidad excepcional para el almacenamiento de CO2, principalmente en las profundidades en forma de sedimentos y formaciones salinas. Es importante mencionar que la capacidad de los ecosistemas para almacenar carbono está determinada por procesos físicos, químicos y biológicos, además de que los depósitos se pueden almacenar tanto en forma orgánica como inorgánica (Cabrera-Brufau et al., 2021).
